Restauración Fluvial

El gran reto de recuperar sistemas naturales

La restauración ambiental o ecológica es un proceso encaminado a la recuperación de la estructura y funcionamiento de un sistema natural degradado, con objeto de mejorar su integridad ecológica (entendida como la capacidad para albergar una comunidad de organismos vivos equilibrada, integrada y adaptativa).

La restauración es un proceso fundamentalmente recuperador, pero también corrector y preventivo. Es el último paso, el más avanzado en el contexto de la gestión de un sistema, pero sólo es viable y factible en modelos de gestión ambiental sostenible. En otros muchos casos, puede aspirarse, a lo sumo, a la rehabilitación de ciertas componentes del sistema, al logro de pequeñas mejoras, o a la protección de pequeños enclaves.

Riada
Cueva

¿Qué es restaurar?

Restaurar es restablecer o recuperar un sistema natural a partir de la eliminación de los impactos que lo degradaban, a lo largo de un proceso prolongado en el tiempo, hasta alcanzar un funcionamiento natural y autosostenible. Un sistema natural restaurado habrá recuperado:

  • sus procesos naturales, y todas las interacciones entre sus elementos, y con otros sistemas,
  • su estructura, es decir, todos sus componentes y flujos, en toda su complejidad y diversidad,
  • sus funciones dentro del sistema Tierra (transporte, regulación, hábitat, etc.),
  • su territorio, es decir, el espacio propio y continuo que debe ocupar para desarrollar todos sus procesos y funciones,
  • su dinámica natural a lo largo del tiempo,
  • su resiliencia o fortaleza frente a futuros impactos, su capacidad de auto-regulación y auto-recuperación
  • y, por tanto, todos los bienes y servicios que aporta a la sociedad.

En suma, el proceso de restauración debe lograr naturalidad, funcionalidad, dinamismo, complejidad, diversidad y resistencia en el sistema natural. La auténtica restauración es, por tanto, aquella que asegura la resiliencia del sistema, y lo faculta para recuperarse progresivamente, a lo largo de un proceso continuo, desde el momento en que se eliminen los impactos.

¿Restauración utópica o rehabilitación realista?

Los objetivos de la restauración no deben estar basados en criterios estéticos, ni recreativos, ni de estabilidad, como es frecuente, ni en un simple cumplimiento de la legalidad vigente en cada caso. Restaurar no es estabilizar, ni revegetar, ni ajardinar, ni urbanizar, ni maquillar ni camuflar. Por ejemplo, la restauración estrictamente paisajística no es auténtica restauración, ya que se centra en la calidad escénica del sistema natural o de alguno de sus elementos, y no en su funcionalidad o dinámica.

Por tanto, debe distinguirse entre actuaciones de verdadera restauración de un sistema y un amplio abanico de posibles mejoras parciales, a las que conviene no llamar restauración, sino rehabilitación, restablecimiento, remediación, mitigación, naturalización, creación, acondicionamiento, adecuación, etc., según sus objetivos y procedimientos de intervención. Frente a la verdadera, pero muchas veces utópica, restauración se va consolidando el concepto de rehabilitación, como el conjunto de medidas factibles para la mejora parcial de un sistema degradado.

¿Qué es restauración fluvial?

De acuerdo con lo expuesto hasta aquí, la restauración fluvial debería basarse, fundamentalmente, en la recuperación de los procesos hidrogeomorfológicos, para asegurar su auto-mantenimiento en el tiempo y en el espacio.

Esta restauración requeriría un régimen de caudales más cercano al régimen previo a la regulación (al menos en sus componentes fundamentales: magnitud, duración, frecuencia, estacionalidad y tasa de cambio de sus caudales mínimos, máximos, y de crecida), sedimentos movilizables, espacio (territorio fluvial) para el desarrollo de la dinámica natural, conectividad longitudinal, transversal y vertical con el medio hiporreico, y tiempo para hacer posible la auto-recuperación.

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Dificultades para la restauración fluvial

Sin embargo, esta auténtica restauración resulta, en muchas ocasiones, imposible, ya que los ríos, torrentes, barrancos y ramblas sufren numerosas presiones e impactos en toda su cuenca, la mayor parte de las cuales son de muy compleja eliminación. Si fuera posible eliminar todos esos impactos, la restauración fluvial podría desarrollarse de manera rápida y efectiva.

Las principales dificultades para restaurar ríos derivan, por tanto, de la enorme complejidad de los sistemas fluviales, de la imposibilidad de restaurar grandes impactos, de la falta de antecedentes (en nuestro país y en ámbitos mediterráneos) que puedan servir como modelo, y de las enormes inercias sociales, políticas y administrativas existentes, que impiden, en la práctica, la restauración de la dinámica fluvial.

Cabe añadir la presión temporal con que se desarrollan muchas actividades de restauración o rehabilitación, delimitadas por los períodos legislativos. La práctica de la restauración avanza a mayor velocidad que su línea teórica, ya que ésta constituye una línea científica relativamente joven. Además, para la restauración fluvial es necesaria la aplicación de numerosos conocimientos procedentes de variadas disciplinas.

Las dificultades en el desarrollo de procesos de restauración han favorecido la promoción de inadecuados acercamientos a la mejora de los cauces, que la mayoría de las veces se ejecutan como marketing de restauración: estabilizaciones de orillas, aun cuando se haga con técnicas blandas, revegetaciones, ajardinamiento y urbanización de márgenes, ampliaciones de la sección de desagüe, etc.

También ha habido actuaciones que, para lograr mayor heterogeneidad y biodiversidad, han creado nuevos cauces complejos y meandriformes en ríos que en estado natural eran mucho más simples. En suma, una versión de la restauración fluvial constituida como estrategia de obtención de beneficios económicos y políticos, y que en la práctica comprenden actuaciones contrarias a los fines ambientales.

El futuro de la restauración fluvial

No hay que renunciar de antemano a la restauración fluvial por sus dificultades. Puede ser factible y viable en tramos afectados sólo por impactos locales. Por tanto, deben seguir diseñándose, incluso aunque se presuman muchas dificultades, propuestas y programas de restauración, que pueden más adelante reconvertirse en procesos de rehabilitación, si las circunstancias así lo exigen.

Restauración y rehabilitación deben basarse en objetivos futuros, más que en recuperar situaciones pasadas. Si es necesario encontrar un modelo de referencia, éste no ha de buscarse necesariamente en el pasado, sino en otro sistema fluvial natural próximo que pueda considerarse en buen estado. Es esencial definir con claridad y precisión los objetivos, que deben resultar de la combinación de lo que se pretende recuperar en el sistema fluvial y de lo que funcionalmente es posible de acuerdo con su trayectoria y estado.

Es urgente y necesario desarrollar normativas y establecer procedimientos públicos de tutela de la restauración y de la rehabilitación. Algunas leyes y directivas europeas no tratan de restauración, pero sientan bases de apoyo válidas. Paralelamente, pueden plantearse moratorias para que no se sigan realizando ciertas actuaciones impactantes, así como mejorar los procedimiento de evaluación de impacto ambiental en el ámbito fluvial. Igualmente, resulta preciso trabajar en nuevas figuras de ordenación del territorio y planeamiento urbanístico.

En suma, es preciso integrar la restauración en los diferentes planes sectoriales y de gestión de los recursos naturales. En este sentido, hay que recalcar la necesidad de avanzar en el cumplimiento de la normativa vigente relacionada con la protección del medio ambiente, frente a las presiones urbanísticas y territoriales, en la línea de lo establecido en el artículo 2 de la Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, que establece como principio “la prevalencia de la protección ambiental sobre la ordenación territorial y urbanística y los supuestos básicos de dicha prevalencia”.

La restauración fluvial no puede hacerse depender de presupuestos económicos que respondan a plazos cortos de tiempo. Se trate de restauración o de rehabilitación, supone un proceso generalmente muy largo, que requiere un seguimiento científico y cuya conclusión no puede ser prevista ni certificada. El imprescindible seguimiento de los resultados para comprobar la consecución de los objetivos puede implicar en muchas ocasiones el reajuste de los objetivos y de los medios del proceso de restauración o de rehabilitación, en la línea de la gestión adaptativa.

Es muy necesaria la formación técnica y científica y, ante la fuerte demanda profesional que puede preverse, se hace necesario consolidar currículos formativos en educación superior. También es fundamental la educación ambiental de la sociedad sobre el funcionamiento de los sistemas fluviales y los beneficios y objetivos de los procesos recuperadores. En este sentido, no puede seguir llamándose restauración a lo que no lo es. No hay que engañar a la sociedad tratando de vender ciertas actuaciones con un “envoltorio verde”.

Cualquier actividad que se pretenda desarrollar que potencialmente pueda afectar el medio natural debería tener en cuenta que, para su correcta ejecución, es imprescindible la participación pública activa. En restauración fluvial este principio adquiere todavía más relevancia, puesto que desde siempre los sistemas fluviales han sido ejes de comunicación entre núcleos habitados, fuente de recursos y motivo de conflictos por su ocupación y uso. Si se pretende restaurar o rehabilitar un tramo fluvial ha de lograrse que quien vive o disfruta del territorio vertebrado por el río sienta como suyo el proyecto y participe.

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La restauración es, finalmente, un objetivo a largo plazo, con costos técnicos, sociales y económicos, por lo que se requerirá que una vez finalizada la ejecución de las correspondientes obras, siga habiendo implicación pública activa en su seguimiento, conservación y mantenimiento.

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