"Somos más vulnerables porque tenemos más edificios en zona inundable" afirma el presidente de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico

La Voz de Asturias • Jueves, 9 de Diciembre de 2010

El despacho de Jorge Marquínez está inundado de papeles. Desde hace seis años está al frente de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico. Dos o tres días a la semana deja la oficina para hacer gestiones en Madrid, o para viajar al resto de provincias del norte que dependen también de este organismo.

Llama la atención que en una región acostumbrada a las lluvias se hayan registrado dos inundaciones en menos de cinco meses.

La inundación de junio no es frecuente. Y la de noviembre está, tanto por su intensidad como por las condiciones que se produjo, dentro de lo que llamamos ordinarias, que se producen año sí y año no. Y en los seis años que llevo yo aquí habré vivido cinco. Esta segunda inundación tiene una intensidad normal y forma parte de las crecidas ordinarias de nuestros cauces. Lo que sí que fue más extraordinario fue lo de junio y, afortunadamente, no las vivimos cada poco.

¿Fue un problema de reparación de cauces? El tema de las limpiezas de los cauces forma parte de los tópicos populares que se ajustan muy poco a lo que es la realidad. Son solo un método paliativo y no evitan las crecidas porque no son evitables en absoluto y forman parte de la dinámica de los cauces. Es imposible tener unas riberas ajardinadas o unos ríos transformados en canales. Eso es inviable, y la gestión sería insostenible porque los ríos son colectores naturales. Es necesario asumir un programa de mantenimiento, que implica limpieza y otras actuaciones, como método para que las infraestructuras sigan siendo operativas, pero no como método de gestión.

¿Podemos pensar en el cambio climático? La subida del nivel marino, la subida de las temperaturas o el descenso de la pluviosidad es una realidad. Ahora, asegurar que el cambio climático está produciendo estos eventos es más difícil hacerlo con rigor. La gente necesita algún culpable que explique cosas excepcionales, pero hay que ser riguroso. Un elemento aislado no puede achacarse a nada.

Los ayuntamientos achacan estas consecuencias a la falta de inversiones en mantenimiento y a una limpieza defectuosa.

Antes de 2004 no había un programa de limpiezas. Eso significaba que esporádicamente, tras una inundación, se hacía alguna intervención. Tampoco había un centro de cuenca de modo que no sé cómo se hacían las previsiones de alertas hidrológicas, no se informaban además los desarrollos urbanos, y no se disponía información de las zonas inundables. A partir de ese año, cambian muchas cosas y se instala un centro y hay un equipo de gente trabajando exclusivamente en determinar la inundabilidad.

En un año normal, ¿cuántas actuaciones se acometen? La limpieza de cauces se limita a un conjunto de actuaciones. No debemos confiar en tener a miles de operarios por todos los kilómetros de río que tenemos podando riberas o trasladando la carga que tienen que trasladar los ríos. Además de desmesurado sería inviable. Las limpiezas tienen que ser actuaciones limitadas que se concentran en puntos que tienen un problema singular. Además, no es tarea exclusiva de la confederación. Mantener las infraestructuras es tarea del gestor. Si es suelo urbano, del ayuntamiento; si es una vía estatal, de Fomento o si es regional, del Principado. Todos debemos implicarnos en el mantenimiento de las infraestructuras.

¿Qué es lo más urgente para evitar que esto suceda? Primero, no seguir incurriendo en los errores del pasado. Los daños por inundaciones han ido creciendo, sobre todo, porque somos más vulnerables, porque tenemos más edificaciones y más viviendas metidas en zona inundable peligrosa, y eso hay que cambiarlo. Segundo, hay que mejorar los sistemas de alerta temprana y la gestión de las emergencias, aunque se ha avanzado muchísimo. En cuanto al tema urbanístico, lo mejor es desarrollarnos en zona segura y no seguir generando zonas inundables. En 2015 tendremos hechos los planes, aunque hoy, cuando vemos obras en cauces, procedemos ya a la demolición de algunas edificaciones que están muy próximas al cauce. Cuando uno quiere hacer un nuevo diseño más seguro y favorable para la gestión de las crecidas, hay edificios que lo impiden y ya hemos procedido a su retirada en las obras que hemos hecho hasta ahora y en el futuro será una medida que acompañará a las otras.

En el caso de casas en zona inundable, ¿quiere decir que los ayuntamientos no han hecho sus deberes? Lo que nos ha pasado ha sido culpa de todos. Todos hemos y han mirado para otro lado y no se ha atendido razonablemente este problema. Pero también voy a decir que esto ha cambiado desde el año de 2004. La confederación ha sido muy combativa para que los desarrollos nuevos respeten esta franja de zona inundable y ya estamos pidiendo a las administraciones que se respeten nuestros informes y los han respetado desde que yo estoy aquí. Hay un reconocimiento de que lo veníamos haciendo mal y también que desde 2004 la confederación no se ha sentido sola, sí a veces poco comprendida, pero acompañada en este proceso de cambiar las cosas.

Arriondas demostró que también hay edificios públicos en áreas inundables.

La ley de aguas y el decreto de dominio público que aplica la CHC se refiere a todas las infraestructuras. Claro que, cuanto mayor sea la edificación, más vulnerable es al problema. Nuestro planteamiento es que no debe desarrollarse en una zona inundable peligrosa ningún tipo de equipamiento. Son áreas compatible con usos agrícolas, recreativos, parques públicos.

Todo esto ha revelado problemas de coordinación.

Se le concede a esto una importancia que no tiene. Por que nuestros embalses tienen muy poca capacidad para laminar y están hechos para otras cosas. En todo caso, existe un protocolo bien claro y se viene cumpliendo. Tras la inundación vigilamos todas las operaciones de los embalses para ver si hubo incumplimiento, y no lo hubo. Aunque todo se puede mejorar. Por ejemplo, teléfonos más seguros, que estén disponibles las 24 horas.

Dijo que había intentado llamar a las cuatro de la mañana y nadie cogió el teléfono.

Es un malentendido ya pasado. Las apreciaciones que uno hace después, tomadas frase a frase, pueden ser tergiversadas. Y yo en absoluto me quiero meter con los ayuntamientos. Al margen de que el protocolo funciona, todos tenemos que mejorar.

¿Los ayuntamientos cumplen las normas? No puedo valorar el funcionamiento de otras administraciones.

¿Por qué hay zonas que no se inundaron en los últimos años y ahora sí, como San Vicente? Desconozco el problema concreto. A veces no tiene que ver solo directamente con la lluvia y la inundación se produce porque el alcantarillado no es capaz de evacuar toda la lluvia, o porque los colectores, cuando sube el nivel de agua, funcionan como surgencias.

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