En relación con las inundaciones que hemos sufrido estos últimos días en la provincia de Ciudad Real, varios medios de comunicación se han hecho eco de una serie de afirmaciones falsas.
Concretamente, me refiero a las denuncias de algún político y alguna asociación de agricultores, en el sentido de que los daños ocasionados por las inundaciones son responsabilidad de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, por no haberse realizado el trabajo de “limpieza de cauces”.
Muy al contrario de lo afirmado por las fuentes arriba mencionadas, los cursos fluviales de la provincia de Ciudad Real, como casi todos los españoles, sufren periódicamente las mal llamadas “limpiezas de cauces”. Este término es un eufemismo que se adopta para no precisar que estas obras consisten en canalizaciones, rectificaciones y dragado de los cursos fluviales. Pues bien, todos los cursos fluviales de la provincia de Ciudad Real están canalizados, rectificados y dragados. Resulta extremadamente difícil encontrar algún tramo fluvial, por corto que sea, que no lo esté, exceptuando algunos que por su inaccesibilidad o sustrato rocoso imposibilitan este tipo de obras.
Por otro lado, estas “limpiezas de cauces” no sirven para combatir las inundaciones. En su lugar, lo agravan, por varias razones:
Afortunadamente, ya nadie discute la naturalidad de episodios de lluvias como el que acabamos de sufrir en Ciudad Real. Episodios de inundaciones como el actual no son eventos meteorológicos extraordinarios, sino características típicas, pero poco frecuentes, de nuestro clima mediterráneo. Las crecidas de los ríos que tienen lugar como consecuencia de los mismos desempeñan importantes funciones, como la fertilización de los suelos de las vegas y llanuras de inundación fluvial, que son beneficiosas para la agricultura, la ganadería y los ecosistemas ribereños. Por ello, resulta paradójico que una asociación de agricultores mencione las pérdidas por inundaciones.
La planificación agraria de los terrenos de vega y llanura de inundación debe contemplar explícitamente la posibilidad de inundaciones, con sus pros y sus contras, y esta posibilidad debe estar correctamente reflejada en el seguro agrario. En algunos casos, deberá evitarse el cultivo de los terrenos más frecuentemente inundables o donde los daños superan a los beneficios.
A escala de las cuencas hidrográficas, debe recuperarse el espacio de libertad fluvial propio de cada sistema fluvial, eliminando progresiva y selectivamente los tramos canalizados.
La verdadera limpieza de cauces a la que debemos enfrentarnos consiste en reducir los vertidos de aguas residuales más o menos depuradas, los vertidos incontrolados, los aportes difusos procedentes de la fertilización excesiva de los campos de labor y de la aplicación desordenada de pesticidas. En reclamar esta limpieza de cauces coincido con los políticos y asociaciones agrarias denunciantes.