Tropezando con la misma piedra

• Martes, 31 de Mayo de 2011

El Ebro en Zaragoza pasa estos días con un caudal espléndido. Leo en la prensa que el ayuntamiento va a gastarse más de 40.000 euros en dragar el río para que puedan subir y bajar barcas hasta la Expo. Que el canal de aguas bravas no se sabe si este año va a abrir por problemas económicos y que el azud construido para la Expo sigue interrumpiendo el curso del río. La realidad muestra que, en los aspectos relacionados con el Ebro, la Expo del 2008 ha generado más problemas que soluciones. Los paseos de ribera son más un maquillaje ecológico que un verdadero plan de recuperación del río.

Tres años más tarde, el recinto de Ranillas es ahora una sombra de lo que se pretendía. Los ecos de la Expo del Agua se han perdido; su legado para el futuro --la Carta de Zaragoza-- suena como un documento de buenas intenciones cuyo fin primordial (aunar conservación con desarrollo) parece haber sido olvidado. Así lo demuestran las propuestas de futuro de la política del agua de Aragón.

Un ejemplo nítido es el empecinamiento que se muestra en querer aprobar el estudio de impacto ambiental del embalse de Biscarrués, en el Gállego. Parece que considerar los ríos como ecosistemas o como un patrimonio vivo (como se dice en la Carta de Zaragoza) no lo incluye. Se va a destruir uno de los pocos cursos de agua pirenaicos vivos, un río que aún meandrea, donde se puede ver cómo la fuerza de las aguas modifica el curso, que mantiene, en la zona del embalse, un buen estado ecológico y que es fuente de riqueza para la comarca.

¿Por qué este empecinamiento en destruir el río? Si es para garantizar los riegos del Alto Aragón no tiene sentido, pues se ha demostrado que pueden obtenerse sin necesidad de un embalse que cuenta con un estudio de impacto ambiental negativo (Cedex). Hay alternativas mucho menos caras e impactantes.

Solo se puede entender esta verdadera burrada hidrológica por la inercia de una política que sigue anclada en el siglo XIX. Justamente estos días en Zaragoza hay una exposición sobre Joaquín Costa, que predicaba (en una España muy diferente) la regeneración de la política española y, entre otras cosas, abogaba por una política de desarrollo de regadíos. Todavía se usa su nombre para reivindicar nuevos regadíos. Seguramente, Costa, si viviera, tendría una visión bastante diferente del tema. Sin duda, hay que repensar el regadío en Aragón y es la hora de cambiar.

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