Respeto para los ríos

CIREF • Monday, 6 September 2021

Entrevista El Correo de Andalucía (ver aquí)

Tony Herrera es biólogo y Máster en Gestión Medioambiental. Ha trabajado como consultor y director-gerente de su propia empresa, MEDIODES, CONSULTORÍA AMBIENTAL Y PAISAJISMO, S.L. Su compromiso con el agua y los ríos le han llevado a ser miembro fundador y del Patronato de la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA) y del Centro Ibérico de Restauración Fluvial, entidad de la que actualmente ostenta la presidencia. Se ha especializado en conservación y restauración de ecosistemas acuáticos, aunque ha dirigido y coordinado numerosos proyectos y también procesos de participación pública en otros ámbitos del medio ambiente, la ecología y la biodiversidad. Posee numerosas publicaciones de libros y artículos tanto técnico-científicos como divulgativos, aspecto al que da mucha importancia.

 

¿Como está la situación de los ríos en España?

En general, comparándonos a nivel mundial y siendo positivos, podemos decir que tendríamos un aprobado raspado, ya que es cierto que tenemos tramos de ríos, sobre todo en las cabeceras de las cuencas, que constituyen auténticas joyas fluviales. Sin embargo, también son demasiados los tramos de ríos que no alcanzan el buen estado según indica la Directiva europea Marco del Agua, o en los que sus ecosistemas o biodiversidad están seriamente amenazados o alterados. No es de recibo que no hallamos sido capaces de resolver a estas alturas los persistentes problemas de contaminación por carencias en la depuración de las aguas residuales, ni que no hallamos sabido aún compatibilizar nuestros paisajes agrarios con ríos bien conservados, o que sigamos pensando en los tramos fluviales urbanos como zonas de paseo muy intervenidas donde las prioridades sociales no sean compatibles con un mínimo de naturalidad y de espacio de libertad para los procesos fluviales naturales.

 

En relación con otros países de Europa, ¿respetamos a los ríos?

Podríamos recurrir al dicho de que “en todas partes se cuecen habas”. No soy partidario de las comparaciones entre países, porque a veces en un mismo país o una misma comunidad autónoma en el caso de España, ya observamos diferencias en las sensibilidades de la sociedad y en el trato que se da a los ríos por parte de esa sociedad y de las administraciones. Lo cierto es que, en general, sí podemos afirmar que, en Europa, por diversas razones en las que me extendería mucho si entramos a analizarlas, nos llevan bastante ventaja en cuanto a cómo se han venido tomando en serio la necesidad de restaurar y recuperar los espacios fluviales, viéndolo además como una oportunidad para luchar y paliar los efectos de las inundaciones. Las directivas europeas marco del agua y de inundaciones, así como otras directivas que guardan relación, sí que están permitiendo que el nivel de exigencia se vaya equiparando entre los diferentes países y, por tanto, seremos más inteligentes cuanto antes demos respuesta a esas exigencias y nos pongamos a la cabeza en el cumplimiento de las misma. Debemos hacerlo por una cuestión de responsabilidad, de ética y de moral, sobre todo, pero también, porque no hacerlo nos cuesta grandes sumas de dinero en multas. En definitiva, creo que el respeto por los ríos está creciendo en nuestro país, diría incluso que la sociedad va muy por delante de la administración, y sin duda desde el CIREF tenemos mucho trabajo por delante para que esto siga siendo así y a la mayor velocidad posible.

 

La herramienta de gestión del agua en nuestro país son los planes hidrológicos. Explícanos qué son, cómo funcionan y que objetivo persiguen.

Según nuestra actual Ley de Aguas, el objetivo principal de la planificación hidrológica debe ser el conseguir el buen estado y una adecuada protección del dominio público hidráulico y de las aguas. Además de ello, son objetivos importantes de la planificación la satisfacción de las demandas de agua. Todo ello, además, debe hacerse protegiendo la calidad del recurso, armonizado con otras políticas nacionales y regionales, racionalizando los usos y garantizando la conservación de aquellos espacios naturales o especies que dependan o guarden estrecha relación con el agua. Por tanto, los planes hidrológicos, que se establecen para un período de 6 años y luego han de renovarse (ciclos de planificación), son los documentos que en cada demarcación hidrográfica determinan los objetivos específicos para poder conseguir los objetivos señalados. Dichas demarcaciones (ya sean de cuencas que dependen del Estado o cuencas cuyas competencias estén transferidas a Comunidades Autónomas) deben elaborar esos planes partiendo de sus propias capacidades técnicas y humanas, pero fomentando en cada etapa la participación pública, para que el conjunto de la sociedad pueda no sólo opinar, sino también decidir, ayudar a priorizar objetivos e inversiones, etc. Esto es muy importante porque nos hace ver que la planificación debe ser un proceso transparente. Se trata, como puede imaginarse, de unos procesos complejos y que además han de partir de unos datos y seguimientos de las masas de agua (ríos, lagos, embalses, acuíferos, etc.) que conllevan también muchos elementos y aspectos muy diversos y variados como calidad biológica de las aguas (macroinvertebrados acuáticos, peces, macrófitas, fitoplácton, etc.), calidad hidrogeomorfológica, calidad química, etc. Así como de otros datos más relacionados con la evolución de los usos, cambio en las necesidades y demandas, interacción con otros proyectos o políticas, etc.

 

Los planes hidrológicos se redactan para determinados periodos, los llamados ciclos de planificación, que deben ser participativos por la ciudadanía y las organizaciones. ¿Lo son?

Como he dicho y reafirmas en tu pregunta, efectivamente deben ser participativos, entendiendo además la participación como verdadera, y no como una mera consulta de opinión o convocatoria para informar. Sería faltar a la verdad y un flaco favor a quienes han hecho auténticos esfuerzos en pro de una participación real, decir que no hemos mejorado mucho en esta cuestión desde el primer ciclo de planificación a este tercero en el que estamos inmersos en la elaboración de los planes. Pero también es cierto que aún falta mucho que mejorar, no sólo hay que hacer más y mejor participación, sino que hay que dotarla de mayores recursos, facilitar el acceso del público en general a documentos que se entiende que en origen son muy complejos y también equilibrar mejor los diferentes sectores que tienen voz y voto a la hora de la toma de decisiones. En muchas ocasiones los intereses en juego son muy importantes y eso hace que la participación y la transparencia se conviertan en pilares esenciales de una buena gobernanza del agua.

 

¿Qué podría mejorarse en el próximo ciclo de planificación?

Estamos actualmente en un momento en el que los planes para el ciclo 2022-2027 están en período de consulta pública, que para el caso de las demarcaciones intercomunitarias dependientes del estado durará hasta el próximo 22 de diciembre. Esto quiere decir que aún podemos mejorar las carencias que entendamos que tienen dichos borradores de los planes mediante aportaciones y alegaciones. Los planes son tan extensos y complejos, ya que abarcan multitud de cuestiones relacionadas con sus objetivos, que sería difícil responder en una entrevista como esta sin centrarse en algo. Como desde el CIREF promovemos la restauración fluvial, orientaré lógicamente mi respuesta en ese sentido. Conseguir el buen estado de las masas de agua y restaurar los ríos no deberían ser conceptos muy diferentes, aunque evidentemente hay diferencias y matices importantes. Lo que es cierto es que un río restaurado debería recuperar su buen estado, por tanto, buena parte de las medidas contempladas en la planificación deberían ser medidas que nosotros consideramos de restauración fluvial. Por ejemplo, el establecimiento de unos caudales ambientales o ecológicos adecuados, los proyectos de eliminación de obstáculos a la continuidad fluvial que estén obsoletos (azudes y presas), también obstáculos a la continuidad lateral como escolleras o muros. También aquellos proyectos que amplíen el territorio fluvial y la libertad del cauce para moverse y desarrollar sus procesos geomorfológicos en el mismo. CIREF está colaborando con WWF en varios aspectos en este sentido. Hemos analizado los anteriores ciclos de planificación para ver qué medidas de las contempladas en los planes hidrológicos podían considerarse como medidas de restauración fluvial, y las hemos ponderado y valorado. El resultado y conclusiones de ese estudio está publicado en nuestra web y se lo hemos presentado también a la Dirección General del Agua del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). También hemos propuesto priorizar la restauración de tramos de ríos que favorecerían la conectividad entre espacios Red Natura a nivel nacional, o tramos favorables a la restauración por el hecho de existir una fuerte demanda social en el territorio e incluso posibles apoyos de instituciones y administraciones, etc. Es un ejemplo de una parte importante de los proyectos y acciones que llevamos a cabo desde el CIREF. Por tanto, todo lo que se pueda modificar en los actuales borradores de los planes hidrológicos y que vaya encaminado en esa línea de acciones señaladas, serán mejoras importantes y que defenderemos desde el CIREF.

 

Los ríos son muchas veces noticia porque, como dicen en los pueblos, cada cierto tiempo “sacan sus escrituras” e inundan zonas donde se había construido causando desastres. ¿Porqué es importante restaurar los ríos?

Efectivamente. En general esto se debe a un problema de ordenación territorial y urbanística, ya que hemos ocupado las llanuras de inundación de los ríos. Técnicamente es posible estimar las zonas que se inundarán para diferente cantidad de lluvias caídas en un tiempo determinado, lo expreso así para que lo entienda todo el mundo, y de hecho el MITECO y otras administraciones autonómicas han desarrollado mapas de riesgo de inundabilidad para lo que en el argot técnico se denominan diferentes períodos de retorno. Por tanto, se conoce que existen muchas poblaciones o partes de ellas, polígonos industriales y zonas de uso agropecuario que con cierto grado de probabilidad serán inundadas tarde o temprano y con diferentes niveles de agua y riesgo según las lluvias que se produzcan. Por otro lado, nadie plantearía hoy día desmantelar ciertas zonas de las ciudades o eliminar determinados usos ya consolidados. Estaríamos hablando de quitar cientos de miles de viviendas, etc. Entonces, ¿qué podemos hacer? Hasta ahora se había intentado eliminar o paliar los riesgos mediante defensas de todo tipo, escollerando o canalizando los ríos, construyendo presas de laminación, etc. Pero se ha visto que el resultado no es el esperado. Normalmente estas protecciones lo que hacen es enviar el agua a mayor velocidad aguas abajo. Es posible que así, una determinada población se libre de su riesgo de inundabilidad, pero estará enviando e incrementando el problema a la población siguiente. Ésta tendrá mayor dificultad para adoptar el mismo tipo de soluciones o serán más costosas...y así sucesivamente hasta que, en el mejor de los casos, llegamos a poblaciones costeras donde ya es imposible enviar el problema aguas abajo porque los ríos ya se encuentran con el mar. De hecho, en las últimas décadas estos problemas se han venido padeciendo de forma intensiva especialmente en zonas costeras donde quizás años atrás no habían tenido problemas tan graves derivados de las inundaciones. Por otro lado, el impacto medioambiental a todos los niveles de estas infraestructuras de defensa es enorme ya que afectan gravemente a los procesos geomorfológicos y ecológicos de los ríos. Su coste y mantenimiento también es totalmente cuestionable en muchas ocasiones. En definitiva, salvo excepciones donde no queda más remedio que actuar con este tipo de infraestructuras, lo lógico es tratar de buscar otro tipo de alternativas y soluciones. Lo que no es de recibo es que desde la ordenación territorial y la planificación urbanística no se evite, a día de hoy, seguir ocupando las zonas inundables, y por desgracia esto sigue ocurriendo en algunos lugares.

 

¿La restauración fluvial es la clave para reducir los riesgos y daños de las inundaciones?

Sin duda. Se trata de devolver espacio a los ríos en aquellas zonas donde no se produzcan daños o estos sean mínimos, dando libertad al río para inundar esos espacios y generar todo tipo de procesos naturales que, además, son muy beneficiosos para el ser humano, como el incremento de la biodiversidad, la recarga de acuíferos, la fertilización de tierras, etc. Estas zonas actuarían amortiguando las crecidas en aquellas otras en las que los daños o riesgos para las personas son elevados.

 

¿El Gobierno actual apoya la restauración fluvial?

Creo que el hecho de que se haya presupuestado entre 2021 y 2023 una inversión de los fondos europeos Next Generation de 800 millones de euros para reservas naturales fluviales, restauración y mejora de acuíferos y restauración fluvial es algo muy significativo que muestra una clara voluntad de apostar por la restauración de los ríos. Nos consta también que hay intención de retomar en breve la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos, que se lanzó con el Gobierno de Zapatero pero que con la crisis económica de finales de la primera década del siglo se quedó en unos pocos proyectos piloto y poco más. Pensamos que sí hay intención de apoyar la restauración fluvial, pero entendemos que no sólo debe ser algo que se lleve a cabo porque haya dinero para gastar en ello, que se mueva por oportunidades. Nosotros entendemos que la ley nos obliga a recuperar el buen estado de los ríos y que la restauración fluvial debería impregnar los programas de medidas de los planes hidrológicos haya más o menos alegría económica. Digamos que la restauración fluvial no es un lujo que nos podamos permitir, sino una necesidad imperiosa, una responsabilidad para con las generaciones futuras y una obligación legal.

 

¿Y en las comunidades autónomas donde hay cuencas transferidas cómo es el caso de Andalucía?

En este caso la cosa cambia según las diferentes comunidades autónomas. Esto es importante sobre todo en aquellas que, como Andalucía, tienen trasferidas la gestión de sus cuencas internas. Andalucía, siguiendo los pasos del gobierno central, también quiso desarrollar a finales de la primera década de este siglo su Estrategia Andaluza de Restauración Fluvial. Se llegó incluso a presentarla públicamente en un acto en Sevilla. Pero nunca se desarrolló como tal. La fuerte crisis económica de aquellos años también fue condicionante claro, pero en este caso, también el hecho de que el Tribunal Constitucional retirase las competencias de gestión de la cuenca del Guadalquivir y las devolviese al Estado. Desde entonces la política de aguas en Andalucía ha sido bastante errante en mi opinión, sobre todo en lo que a cuestiones medioambientales se refiere. Desde el CIREF no hemos podido constatar ningún interés en la materia por parte del gobierno de Andalucía y como andaluz que soy, me preocupa y a veces inclusive me avergüenza ver como en los foros técnicos, jornadas, congresos, etc., no hay casi representación andaluza, y la que hay se corresponde con la demarcación del Guadalquivir, que depende del Estado, pero poco más. Pienso que el actual gobierno de Andalucía ya ha tenido tiempo, tras el cambio político que se produjo en las últimas elecciones, de corregir el rumbo en estas cuestiones, pero tampoco hemos visto ningún interés hasta el momento. Desde el CIREF estaríamos encantados de poder ayudar a impulsar estas cuestiones en Andalucía porque nos estamos quedando demasiado atrás y otras regiones de España y Europa, sobre todo, van disparadas.

 

¿Cómo pueden mejorarse los ríos en tramos urbanos y a la vez disminuir los riesgos de inundabilidad?

En tramos urbanos a veces las posibilidades son muy limitadas, pero no debemos renunciar a renaturalizar los ríos en las ciudades. El ejemplo del río Manzanares en Madrid es un caso clarísimo de las ventajas y beneficios que se pueden obtener y de lo sencillo que es a veces obtener grados de mejora significativos y muy apreciables y valorados por la ciudadanía. Es quizás donde más trabajo van a tener los profesionales de la restauración fluvial. Por otro lado, como hemos comentado antes, la restauración fluvial en tramos aguas arriba de los núcleos urbanos permite paliar e incluso eliminar, en ocasiones, los riesgos de inundabilidad en los pueblos y ciudades.

 

¿Cuándo celebraréis en CIREF el próximo Congreso Restauraríos y qué proyectos o acciones futuras tenéis intención de emprender?

Nuestro próximo Congreso será en 2023. Queríamos haberlo adelantado un año, porque lo hemos venido celebrando cada cuatro años y pensamos que el interés de la restauración fluvial se ha venido incrementando mucho y también los proyectos que se vienen ejecutando y por tanto tenía sentido celebrarlo cada tres años. Pero como a casi todo, la pandemia ha ralentizado mucho los tiempos y hemos decidido que es mejor celebrarlo en 2023, cuando algunos de los proyectos que se van a impulsar con los fondos europeos ya estén realizados y podamos conocer sus resultados y conclusiones. Aún no hemos decidido la sede porque ya nos han mostrado desde algunas confederaciones hidrográficas su interés en ser los anfitriones, y queremos hacer una consulta al resto y elegir en función de diversos criterios dónde es más conveniente que celebremos nuestro próximo Restauraríos.

Por otro lado, en esta legislatura que acaba en septiembre próximo hemos lanzado la revista científico-técnica RESTAURARIOS, que pretendemos que con el tiempo se convierta en un referente europeo e internacional en la materia. Hemos mejorado el diseño y la periodicidad de nuestro boletín y hemos realizado algunos proyectos interesantes, como la revisión de los programas de medidas de los planes hidrológicos. Pero yo destacaría, a nivel interno, que hemos desarrollado una Estrategía a 10 años vista (2020-2030) para el CIREF tras haberse cumplido la primera década de su existencia. Esto es importante porque dicha estrategia ya recoge un marco de objetivos claros para los próximos años. En el futuro queremos implicarnos más en el Impulso a la Estrategia Nacional de restauración de Ríos, si el actual gobierno nos lo permite, y hasta ahora podemos decir que las relaciones con el MITECO y la Dirección General del Agua son estupendas y que han entendido que el CIREF es la referencia a nivel nacional en la materia. Queremos también que nuestra colaboración llegue también a las comunidades autónomas y a los organismos gestores de las diferentes demarcaciones hidrográficas. Vamos a colaborar en algunos proyectos europeos y nos gustaría implicarnos en alguno más. Tenemos también retos internos importantes, como incrementar nuestra base de socios para tener mayor capacidad de llegar a los profesionales, académicos e interesados en la materia y a su vez disponer de más fondos para nuestras acciones. Hemos avanzado mucho estos últimos años en potenciar la cooperación con otras organizaciones, pero queremos seguir haciéndolo porque ha dado muy buenos frutos. El beneficio a la naturaleza no necesita protagonistas, necesita voluntades, sinergias y apoyos.

También queremos impulsar algunos ejes que se habían quedado algo más descolgados en esta legislatura que termina, como los cursos de formación y acciones en el ámbito de la educación ambiental.

 

¿Quién puede ser socio del Ciref y cómo se os puede apoyar?

Cualquier persona puede hacerse socia o socio del Ciref. Tenemos una cuota anual muy modesta, muy similar e incluso más baja a la que se abona por pertenecer a otras ONGs. Además, con descuentos importantes para menores de 30 años, mayores de 65 y desempleados. Así que aprovecho para animar a la gente a asociarse y apoyar nuestra labor. También tenemos la figura de socio corporativo, de forma que empresas privadas o administraciones públicas también pueden hacerse socios y apoyar así nuestras acciones. Muchas empresas e instituciones podrían hacer una gran labor a través del CIREF con una pequeña aportación insignificante para ellas.

El Centro Ibérico de Restauración Fluvial (CIREF) es una asociación que aglutina principalmente a académicos, técnicos de administraciones y profesionales de la restauración fluvial, pero en la que tienen cabida como socias todas aquellas personas que deseen apoyar el impulso de la restauración y conservación de los ríos. También las empresas y administraciones pueden hacerse socios corporativos para apoyar su labor. Su ámbito ibérico hace que desarrolle sus principales acciones en España y Portugal, aunque el CIREF pertenece a su vez al ECRR (European Centre for River Restoration) y también somos socios de Wetlands Internationals. Publica la revista técnico-científica RESTAURARIOS y un boletín trimestral, así como algunas notas técnicas sobre restauración fluvial. Han organizado tres congresos ibéricos de restauración fluvial y en 2023 organizarán el cuarto, cuya sede está aún por decidir. Además, el CIREF realiza diferentes proyectos y acciones por sí mismo o en colaboración con otras entidades y ONGs. Forma parte de proyectos europeos y organiza cursos de formación y acciones de educación ambiental y difusión. Finalmente, no es menos importante su labor como lobby de presión frente a las administraciones o mediante la presentación de alegaciones a proyectos o actuaciones que pongan en riesgo la conservación de nuestros ríos.

CENTRO IBÉRICO DE RESTAURACIÓN FLUVIAL
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